Yo tenía una ilusión en esta vida: poner el Carmina Burana al inicio de un reportaje. Una cosa original que nadie había hecho antes. Cuando empezamos el taller de reportaje televisivo en el máster (del universo) Heraldo, esa era mi única meta. Pero el destino es un hijo de puta; tenemos que hacer un reportaje sobre un grupo flamenco. Ya me dirán como meto ahí el Carmina Burana. Con lo original que iba a quedar…
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Últimamente, como no me pasan cosas interesantes, hablo de política.
El sábado leí la lista de ministros del nuevo Gobierno de Zapatero. Caí en la más profunda desilusión. Ni Víctor Morlan ni Eva Almunia (más conocida como Lo que me contaron los muertos), oscenses de relumbrón, entraban en el nuevo ejecutivo. ¡Cachis en la mar! Pero lo peor no ha sido eso. José Luís no ha tenido corazón y ha excluido a Jesús Caldera.
Me ha sabido mal por Jesús, un hombre tan amigo de Zapatero. Así que he cogido el móvil y lo he llamado. En el primer intento de hablar con Caldera ha salido el buzón de voz; me he cagado en sus muertos porque andaba mal de saldo. En el segundo, tras escuchar como tono de espera el Umbrella, he tenido éxito.
ÓSCAR: Hola, Jesús. Que me he enterado de lo tuyo y te llamo para ver que me dices.
CALDERA: Ya ves… No tengo nada que decir; yo respeto las decisiones del presidente…
ÓSCAR: Bueno, eso ya lo sé. Pero algo cabreadillo andarás con Zapatero...
CALDERA: No, no… No tengo nada que decir…Yo acepto lo que me diga José Luís. ¿Qué ministro? Pues ministro. ¿Qué liderar la renovación ideológica del PSOE? Pues a hacer el canelo. Yo lo que me diga José Luís…
ÓSCAR: Hombre, Jesús, no está mal tu nuevo cargo. Vas a ser como Aznar en la FAES…
CALDERA: No tengo nada que decir… Yo te digo que si el presidente me manda un nuevo y estúpido cometido, pues lo acato. Soy muy de acatar lo que me diga José Luís. Ya veremos si Miguel Sebastián le sale tan acatador como yo…
ÓSCAR: Miguel Sebastián…
CALDERA: Mira, no tengo nada que decir, pero Sebastián se puede meter su Ministerio de Industria por donde le quepa. A mí antes José Luís me invitaba a Moncloa a tomar el vermú los domingos, pero desde que conoce a Sebastián, ya no me llama ni para jugar a la Wii… Pero vamos, no tengo nada que decir…
ÓSCAR: Pues me tendré que conformar con estas declaraciones…
CALDERA: Ya te digo, no tengo nada que decir… Eso sí, aún me acuerdo como el jefe me decía hace cuatro años: “Jesús, si ganamos, la vicepresidencia es tuya”… ¡Los cojones!
ÓSCAR: ¡A pasar buen día, Jesús! Dale recuerdos a Zapatero…
Tokio Blues, del japonés Haruki Murakami, es un libro con bellos pasajes sobre el sexo, el amor y la muerte. Pero supongo que quien me lo regaló sabrá apreciar este párrafo:
Normalmente los domingos hago la colada. Por la mañana lavo y tiendo la ropa en la azotea de la residencia, y al atardecer la recojo y la plancho. No me molesta planchar.[…] Así que el domingo es el día de lavar y planchar. Pero hoy no he podido. Es una lástima. Es el día idóneo para hacer la colada.
Haruki Murakami, Tokio Blues, 1987.
Gracias.
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Hacía tiempo que no escribía un post misterioso. Ya tocaba, ¿no?
La pasada tarde cogí el bus para ir a hacer una entrevista. Como era un día lluvioso, el bus iba más lleno de lo normal de historias. Unos niños de unos doce años iban a mi lado, vestiditos de uniforme de colegio de curas. Como me aburría he puesto la oreja; he tardado poco en arrepentirme…
NIÑA REPELENTE: Tú mama me ha dicho que de mayor quieres ser abogado.
NIÑO REPELENTE: ¿Abogado? No, yo tengo miras más altas. Quiero ser empresario.
NIÑA REPELENTE: Pues para eso tendrás que estudiar Administración y Dirección de Empresas…
NIÑO REPELENTE: Estudiaré eso y además Derecho, para tener más oportunidades.
Todos tenemos llaves en nuestro llavero que nunca utilizamos. Suelen ser llaves con alto valor sentimental: la de nuestra antigua casa, la de la residencia donde nos alojamos en el extranjero; o, entre los más apegados al pasado, las del candado de la primera bicicleta. Algún tipo de significado cultural tendrán las llaves, pues ya los sefardíes se llevaron las de sus casas españolas y todavía las conservan.
Yo en mi llavero llevo una llave que nunca utilizo.No es que esté obsoleta, sino que no entra en la cerradura. El asunto adquiere tintes dramáticos cuando esa llave es la de mi casa. Llevo un tiempo intentando entrar a mi casa por la puerta principal, pero siempre acabo entrando por la del almacén, tal que el Seat Panda de mi padre.
Alarmado por la situación, este fin de semana he revisado las llaves de toda la familia. Todas son iguales a la mía, pero a mí no me funciona. Me he quedado tranquilo, no estaba ante un repudio familiar. Pero no me acaba de convencer eso de estar al nivel del Seat Panda…
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¡Cómo nos va el morbo dominguero! El País recoge de nuevo los problemas del PP .
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Mercedes me dice que tenga consideración por las personas de ciencias y no escriba párrafos tan largos. Haré lo que pueda.
¿Han visto alguna vez andar a un pato mareado? Yo no, pero estoy seguro de que debe de ser gracioso. Así pasa con el PP tras las elecciones, que va de lado a lado , dando gracia. Hoy leo que Mariano Rajoy es más de provincia que una diputación. ¿Quién nos iba a decir que Rajoy iba ahora a defender la periferia? Será cuestión de que ahí tiene apoyos, no como en la tierra de la indomable Esperanza...
El líder del PP ha dicho que en la capital "el ruido inmediato" puede llegar a ser "superficial y hasta frívolo", impidiendo escuchar el "sonido limpio y claro que llega de fuera". Mariano ha tirado de Machado para referirse al "Madrid rompeolas de España", donde es conveniente "oír la voz de aquello que Ortega, sin ningún matiz peyorativo, llamaba las provincias". ¡Toma castaña, Rajoy citando a Ortega y Machado!
Una última observación: ¿a qué “ruido” se refiere? Quizás al de los grandes animadores mañaneros...
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¿Hay una expresión más de provincias que “coche de línea”? Se aceptan propuestas...
Sí, es auténtico. Un comentario de Ignacio Escolar en uno de mis post . Según el primo Chic, también afortunado con la presencia de Escolar en su blog , es motivo suficiente para cerrar la página y dar por cumplidos objetivos vitales. De momento, yo no cierro el chiringuito, y espero que Chic tampoco. Eso sí, que chulo es el primo Chic... Y que elegante Escolar...
Estaba planchando cuando se me ha aparecido el espíritu de Ángel Acebes. Teniendo en cuenta de quien hablamos, mi acojone ha sido mayúsculo. Me he quedado paralizado unos segundos, hasta que he sido consciente de que se podía quemar mi camiseta de Woody Allen y he vuelto en mí. Como viene siendo costumbre, he saludado educadamente al ectoplasma pepero.
ÓSCAR: Buenas noches, Ángel Acebes. ¡Menudo susto me has pegado!... Me pillas aquí ocupado en mis labores.
ÁNGEL: Buenas noches. Es que iba camino de la Basílica del Pilar a pedir a la Virgen por mi futuro político, me ha entrado cansancio y he parado un momento a descansar… Ya me voy si molesto...
ÓSCAR: No, hombre, no. No es molestia. Te veo con mala cara, quédate un rato que te saco un café con pastas.
He hecho pasar a Ángel Acebes al salón y le he servido café recalentado y unas pastas danesas de mantequilla. El pobre ectoplasma estaba pálido y sudoroso, así que le he preguntado qué le pasaba.
ÁNGEL: Ando estos días inquieto; el suelo se mueve bajo mis pies y no sé a dónde aferrarme. Hace una semana, Zaplana anunció que dejaba de ser portavoz parlamentario. Ayer mismo, Rajoy nombró a Soraya Sáenz de Santamaría nueva portavoz… Esto huele a renovación en el PP.
ÓSCAR: Pero Rajoy no ha dicho nada sobre ti…
ÁNGEL: ¡Aún peor! Ha dicho algo de trabajar con su propio equipo... Manejo dos líneas de investigación. La primera, que Rajoy me dé la patada. La segunda, que me mande a Marina D´Or con Zaplana… Por cierto, este café está muy bueno.
ÓSCAR: Es del Mercadona; las pastas también... Sobre lo tuyo, igual es mejor que reces a San Antonio, patrón de los imposibles. De todos modos a mi lo que me inquieta es otra cosa…
ÁNGEL: ¡Ah! Supongo que te extrañas de que el espíritu de un vivo se te manifieste. Tiene una explicación: yo soy lo que se conoce en la jerga como un “cadáver político”…
ÓSCAR: No, no. Eso lo daba por hecho. Lo que me extraña es que hayas tardado tanto en aparecerte, porque ya hace cuatro años que estás en este estado.
Aunque no era mi intención faltar, parece que a Ángel Acebes esta observación le ha jodido un poco. Lo ha tratado de disimular con la misma sonrisa que puso cuando el PP perdió las elecciones. Me ha dado bastante repelús. Ángel se ha levantado y se ha ido, no sin antes comentar que iba a recomendar al fantasma de Aznar que se me apareciera. Un escalofrío de terror ha recorrido mi cuerpo.
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Todos deberíamos apoyar a Acebes en estos terribles momentos. Unámonos a la iniciativa de saveacebes.org
Una prueba más de la existencia del primo Chic. En una esquina camino del Centro Cultural El Matadero de Huesca he encontrado este grafiti que demuestra que Chic estuvo allí.
Por cierto, Escolar no ha parecido acusar esta mañana la cerveza de ayer y ha estado lúcido en su tertulia del congreso. Escolar, espero que me comentes... El congreso de Huesca ha estado bien, nos han dado de comer y de beber y una bolsa de regalo. Y la gente muy maja y tal.
Encuentros furtivos en el IX Congreso de Periodismo Digital de Huesca. Primero con el primo Chic , demostrando que los lazos familiares son fuertes. Porque el primo Chic existe, e incluso hay quien cree que nos parecemos. El primo Chic hace tiempo que sabe que existe, pero se lo digo yo por si lo duda él o alguien. Ignacio Escolar , director de Público, también conoce de la existencia de Chic. Anoche tuvimos una charla con Escolar, motivada por razones que no vienen al cuento.
El primo Chic es un valiente y le dijo a Escolar que no le gustaba el fichaje de Ernesto Ekaizer para su diario. Escolar aceptó mi invitación a una cerveza. Y así pasamos el rato en Huesca...
Encuentros furtivos entre productos Hacendado. La vida de estudiante es lo que tiene, que uno busca la mejor oferta. En general, la vida es buscar la mejor oferta.
En esas andaba el lunes de Pascua, en un exilio voluntario de Belver. A falta de provisiones, hubo que acudir al Mercadona. El Mercadona es un lugar extraño, al que uno va supuestamente a comprar, pero puede servir de punto de encuentro con la chica del flequillo para charlar de los dramas cotidianos, o con la chica que olvida cosas en mi piso para buscar qué comer.
Ante el atún en aceite de girasol Hacendado se puede teorizar sobre el concepto de culpa en la moral judeocristiana . Entre la lejía y el suavizante Bosque Verde se puede disertar sobre la confrontación de Schopenhauer con Hegel . Frente al estante de aceitunas rellenas Hacendado se puede criticar el posmodernismo de Fukuyama . Con la música ambiental de fondo, interrumpida de vez en cuando con un “Señorita Puri, acuda a caja dos”, se pueden susurrar cosas al oído. Cosas tan trascendentes como “Mejor compra leche Pascual, que la Hacendado sale aguada”. La vida sin dobleces se muestra en la sección de quesos y embutidos.
En la película Perdición , de Billy Wilder, un agente de seguros y su amante quedan en el supermercado para urdir sus malévolos planes. Nuestro plan en un lunes de Pascua no fue más allá de cocinar unos macarrones con atún y comer una mona. La vida sin dobleces…
En la imagen, los protagonistas de Perdición entre los cómplices estantes del economato.
Mi tío Pepito siempre nos sorprende con geniales historias. Desde pequeños, mi hermano y yo esperamos por estas fechas que regrese al pueblo y nos cuente alguna de sus anécdotas.
Todas las semanas santas, mi tío Pepito y mi tía Tere intentan volver a Belver a ver las procesiones y a comer la mona el lunes de Pascua. En una de estas visitas, mi tío nos contó la historia de un andaluz que estaba de paso por Belver y que vivía intensamente la Semana Santa. El andaluz, en un momento de religiosidad exacerbada, le pidió a mi tío Pepito si podía subir a Casa Matías a cantarle una saeta al Cristo. Mi tío accedió, supongo que porque no puede negar un favor, y también porque le encantan estas situaciones.
Subió el peón andaluz al balcón de Casa Matías y fue entrando en trance mientras esperaba al paso del Cristo. “Ay, ayauuuuuun”, iba entonando el tipo. “Aaaaaaay, auuuun”. El Cristo se acercaba. Mí tío estaba admirado del andaluz, cuando de repente el peón cambió el tono, carraspeó exageradamente y escupió un gargajo que hubiera sido capaz de matar a un escorpión. “¡Aleluya!”, pensó mi tío. Y el andaluz cantó la saeta.
Muchos años después, y no lejos de Casa Matías, los kintos de 2002 saludaron borrachos al paso del Cristo.
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Espero no haber traicionado en exceso la historia de mi tío. Tiene cientos de anécdotas, pero ésta es la que mejor le va a estas fechas. Por mí parte, ya tengo decidida cual va a ser mi saeta particular para estos días.
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Quiero tener aquí un pensamiento para los ministrables que estos días están esperando la llamada de Zapatero. Víctor Morlán no deja de mirar su móvil esperando una llamada de “José Luís”.
El punk no ha muerto, pero casi, casi… El otro día, volviendo a casa, me encontré con un señor punki sentado en la acera con su perro punki. Quienes lean este blog alguna vez ya sabrán que vivo en una zona donde los punkis proliferan. Ya quedan pocos punkis, pero deben vivir todos en mi calle. Con sus crestas, con sus pantalones elásticos de esos que cortan la circulación de los bajos, con sus cadenas, con sus chupas… En fin, con todo lo que define a un punki. Cuando llegué a su altura, el señor punki se dirigió a mí con mucha educación y con cara de pena. El perro punki también ponía cara de pena, en plena coordinación con su compañero humano. “Perdona, no me podrás dejar diez céntimos”, me dijo el señor punki. Me hizo gracia eso de que usara el verbo “dejar”, como sí fuéramos a quedar al día siguiente para que me los devolviera. Así que le dije que sí, que cómo no, y me puse a rebuscar en la cartera. Tenía dos monedas de diez, una de un euro, y varios céntimos sueltos, resultado del cambio del Mercadona. Me dio cosa darle sólo diez céntimos, así que le dije: “Si te va bien, te doy un euro”. Le iba bien y lo cogió.
Llegué a mi piso feliz y contento porque había hecho la buena acción del día, y después ya no pensé más en ello. Pero, por circunstancias que no vienen al cuento, a cierta hora de la madrugada necesité dinero para coger un taxis y hallé que me faltaba un euro para poder pagar el recorrido. Así que me jodí y volví a pata a casa. Mi único pensamiento fue el que tienen todas las yayas que dan limosna: “Espero que por lo menos no se lo haya gastado en vino”.
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¿Es Mariano Rajoy un punki encubierto?
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Prueba de agudeza lectora: averigüe en menos de un minuto qué director de diario español ha escrito este bonico y bien construido párrafo.
"A cualquier observador nacional, y aun extranjero si ha seguido de cerca el avatar español, le sorprenderá sobremanera cómo, cegados sañudamente igual que los héroes griegos tras caer en desgracia ante sus dioses, los dirigentes del partido conservador han ignorado las repetidas advertencias sobre su propia credibilidad como hipotéticos gobernantes que les enviaban los ciudadanos, preguntados ritualmente por los sondeos de opinión, tan atareados como estaban en demoler el Gobierno, sus obras y sus pompas -y ya de paso, las instituciones, la convivencia y el poco o mucho tejido democrático que aún quedaba intacto en la sociedad española".
Llevo tiempo sin aleccionarte sobre la realidad rural, pero espero que hayas podido desenvolverte con las primeras lecciones. Lo cierto es que temas hay, pero son peliagudos. Así pasa con el de hoy. Porque tú te piensas que en la ciudad tenéis conflictos interpersonales importantes, juicios y cosas de abogados. Pero en los pueblos tenemos un concepto mucho más complejo: los pleitos.
Los pleitos vienen a ser los enfrentamientos entre vecinos del pueblo. Suelen tener origen variado, pero hay una tipología más o menos establecida. En primer lugar están las tierras. Un urbanita piensa que con tener una escritura firmada por un notario, ya está todo resuelto y nadie te puede negar que lo que pone ahí es verdad. Pero, ¡ah,amigo!, en los pueblos las cosas no son así. Resulta que un buen día descubres que tu vecino de parcela está arreglando su terreno y ha decidido que la marguin (linde) que tu creías tuya es suya. Así que ha cogido el aladro (arado), ha roto la marguin y toda para él. Ya la tenemos montada. Tú vas a su casa de buenas maneras y le dices que eso está mal, que habrá sido un error. Él no lo reconocerá nunca, aunque le lleves las escrituras. Entonces tú decides que como no atiende a razones vas a recurrir a la ley. La ley no es un abogado, es la ley de tus santos cojones.
Así que, como el que no quiere la cosa, se pasa al segundo tipo de pleito: los caminos. Como das por perdida la marguin, optas por joder a tu vecino cortándole el camino a su trozo de tierra. El camino pasa por el medio de tu terreno, así que decides colocar unas piedras y levantar una tapia, y por ahí no pasa ni Dios. La cosa se va calentando. El vecino va a tu casa, y de buenas maneras, te dice que aquello no está bien. Tú le recuerdas lo de la marguin. Ya la tenemos montada. De las buenas maneras pasamos a los adjetivos calificativos que hacen santiguarse a las yayas.
Llegados a esta fase, alcanzamos un tercer tipo de pleito: la venganza tocahuevos. Te has dejado de hablar con el vecino de parcela, y ahora os dedicáis a faltaros en el bar. Normalmente cuando hay pleitos, los que más los sufren son los parroquianos del bar. Llega al café tu vecino agraviado y se pone a faltarte. Todos asienten, porque sus explicaciones van arropadas por datos y afirmaciones fuera de toda duda. Al rato llegas tú. Tu rival apura su café y se va rápido. Entonces tú empiezas a exponer tu causa como si estuvieras en los juzgados. Es lo más parecido a un jurado popular que se verá en un pueblo. Un jurado que acaba con la cabeza como un bombo… Como la sentencia es favorable para ambos –no es plan negarle la razón a alguien-, los dos pleiteantes os veis cargados de fuerza moral para seguir jodiéndoos mutuamente. Así que decides que ya que tienes que echar una cuba de purines, qué mejor que hacerlo en el campo de tu vecino. Y tu vecino robatierras piensa que tu terreno es un buen vertedero para los escombros de las obras de su casa… y asín ad aeternum.
Otra variante de los pleitos es la hidrológica. Es un poco como el tema trasvase del Ebro, pero en acequias. Tú tienes turno de riego de dos horas, pero otro labriego decide sacarte la pala media hora antes, que él emplea más agua… Y ya la tenemos liada.
Hasta ahora, querido urbanita, te he mostrado unos casos de enfrentamiento entre vecinos. Pero esto es una tontería al lado del tipo de pleito más fuerte: las herencias. Guerras fratricidas. Se muere el yayo y no ha dejado el testamento claro. En realidad sí lo ha escrito bien claro ante un señor notario, pero a ti no te parece bien. El yayo ya desvariaba, no es posible que le haya dejado más al hermano/a tonto/a que a ti. Y aquí empieza el pleito. Esta es una contienda perdida de antemano, porque la ley es la ley, aquí no cabe la jurisdicción de los santos atributos. Pero el rencor te llevará a dejar de hablar al hermano/a, a mirarlo mal, a que los primos no se hablen tampoco entre sí… Una inquina acumulada que no se extinguirá por generaciones. Se da el caso de gente que no se habla y no se acuerda por qué.
Pensarás que en los pueblos estamos sin civilizar, que esto recurriendo a los abogados y los jueces se arregla asépticamente… No funciona así. Lo de recurrir a la justicia es algo accesorio, pero todo lo demás pasos se hacen igual. Porque en los pueblos nos pasamos la ley por el forro…
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Según mi abuela, los muertos no se quedan quietos en su tumba, sino que bailan el Rascayú… Y miren que encuentro en el Youtube; esto sí que es para que dancen…