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Malas referencias

Malas referencias

Mi doble vida digital me quita tiempo para desarrollar mi ego aquí. Ya saben, ahora tengo que alimentar ese blog en el que sale mi cara en la portada. Insistí en que se retratara otra parte de mi anatomía, pero me miraron raro… Este post en realidad empieza seis asteriscos después de esto, pero lo más sabroso va en el medio, como en un bocadillo de jamón.

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No crean que a pesar de tanto trabajo paso hambre. Ahora he vuelto a la dieta Chesterton. No es tan divertida como la del cucurucho, pero casi…

-Nuestra autoridad se basa en masas de detalles precisos –dijo-. Analiza una región en la que las cosas se pueden manejar y comprobar. Mi oponente admitirá al menos que la muerte es un hecho constatado por la evidencia.

-No de la mía – dijo Moon lúgubremente, negando con la cabeza-. No experimentado nunca nada semejante en toda mi vida.

G.K. Chesterton, El hombre vivo, Valdemar, 2005.

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El pasado domingo, la nueva defensora del lector de El País, Milagros Pérez Oliva, escribió en su artículo semanal sobre el delicado asunto de las noticias en la Red. Pongo un ejemplo para explicar la copla: un medio publica en Internet que el señor X ha sido imputado en un caso de robo; después, la justicia demuestra que X era inocente, pero el mismo medio le da una menor relevancia a este último episodio. Así, cuando alguien escriba “Señor X” en el Google, lo primero que aparecerá será una noticia titulada “El señor X es un mandante de mucho cuidado”, y esa será la referencia que predomine del tipo en la Red.

Pérez Oliva concluye que hay que establecer normas al respecto, sobre todo dando la relevancia que merecen a las informaciones que hablan del final de un cualquier proceso de este tipo. Y pone un ejemplo que, no me cabe duda, es un tirón de orejas al propio El País:

“En casos como la Operación Gürtel o las causas por corrupción urbanística, con decenas de presuntos implicados, deberíamos especificar quiénes quedan libres de cargos conforme avanza el proceso, y hacer una recapitulación final cuando, seguramente al cabo de muchos años, se produzca la sentencia”.

Este debate es muy interesante para la profesión, ya saben. Pero, aplicando el cuento anterior, a mi lo primero que se me ocurrió es buscar mi nombre en Google. Y descubrí que mi referencia es pésima, ya que aparece en cabeza esta misma dirección…

La imagen no tiene nada que ver con el texto, pero la ví en Prosopopeya Divagante, que mola mucho.

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