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El prestidigitador del autobús (o coche de línea)

El prestidigitador del autobús (o coche de línea)

   Dentro de la nueva rutina oscense se incluye el autobús. En los tiempos zaragozanos, los trayectos eran en tren, con sus espaciosos asientos, sus grandes estaciones, su gente añorada. Ahora, las inverosímiles rutas Belver-Huesca (y viceversa) pasan por pueblos en los que nunca se sube o baja nadie.

 

   El otro día, en plena resaca de la cumbre del G-20, Zapatero y otros, viajaba de regreso a capital altoaragonesa y, en un trasbordo en Barbastro, me senté junto a un tipo que leía un manual de magia. Yo iba con la banda sonora de Los del huerto, y en posición autista. Un observador externo pensaría que, de los dos, el raro era el del manual.

 

   El prestidigitador, de repente, sacó unas monedas, se arremangó y las hizo aparecer y desaparecer unas cuantas veces. El raro de verdad lo miró con asombro y le preguntó:

 

-Perdona, ¿Eres el mago X (tras este símbolo quinielístico se esconde un mago oscense)?

-No... –respondió el asombrado merlín, que me miró como lo que yo era, un grillado -.

-Ah, perdona. Es que entrevisté una vez por teléfono a X, y al verte hacer trucos he pensado que podías ser él…

 

   Cuando me bajé del autobús, el mago respiró aliviado. Así quedó en evidencia que el trabajo de plumilla no es bueno para la mente.

 

                                                           ***

   Vivo en el anonimato. El otro día me pasé por el pueblo y descubrí que, como en los bares sólo se compra el Diario del Altoaragón, nadie sabe que trabajo en el Heraldo de Huesca.

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2 comentarios

Lonia -

En Zaragoza no se lee ni el Diario de el Alto Aragón ni el Heraldo de Huesca...
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Chic -

Yo en el Altoaragón también entrevisté al mago X.

Y resultó que en Alcolea solo compraban el Heraldo de Huesca.

Todos (y el alcalde).
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